La pérdida de un ser querido es una experiencia
dolorosa y eso lo sabemos todos los que hemos perdido a alguien que aún amamos, soy de la idea que el pésame es más reconfortante para quien que lo da, que para
el que lo recibe; en las primeras horas, días y hasta meses no existen palabras
que puedan hacerte sentir mejor, cada día está lleno de recuerdos que solo te harán
sufrir y el consuelo de los demás solo agiganta tu sufrimiento. Sientes rabia
al ver a personas felices, quieres que el mundo entero sufra igual que tú, todo
el mundo debería estar igual de destruido por la pérdida de esa persona tan
importante para ti.
Pasa el tiempo, sientes que debes reaccionar,
te despierta el ruido de la urbe por la mañana, te paras frente a la ventana y
miras el exterior, vez a las personas ir a su trabajo, discutir, reír, las
ruedas de los vehículos siguen girando, el día se vuelve noche, la noche se
vuelve día; y te das cuenta que pese a cómo te sientas, el mundo sigue girando
y que tan solo somos una gota de agua en el océano, la gente sigue haciendo su
vida y tú debes continuar con la tuya; poco a poco los mismo recuerdos que
detonaban nuestras lágrimas ahora nos dibujan sonrisas y comprendes que
tener a esa persona presente en tu vida no debe ser algo doloroso sino motivo
de alegría.
En la vida todo es posible, todas son
posibilidades y la muerte es la única certeza, puede llegar en cualquier
momento de nuestra vida por lo que debemos intentar sentirnos tranquilos con
nuestra conciencia. Debemos vivir en paz con la gente que nos rodea para no
dejar perdones y te amos pendientes. Un perdón y un te amo que no llegan a
decirse, causan dolor tanto a quien debió decirlo como al destinatario. La
persona que perdimos ya se fue y vivirá en nuestros corazones, pero si fueron
tan importantes en nuestra vida tomemos nuestras decisiones teniendo en cuenta
que nos hubieran dicho, que consejo nos hubieran dado, ya que así seguirán formando
parte de nuestra vida y realmente morirán el día en que nosotros lo hagamos.