sábado, 9 de mayo de 2015

El Gran Momento de la Vida

Siempre rondó por mi cabeza la idea de que algo importante  debía hacer en este mundo y al igual que muchas personas me preguntaba cuál era mi misión, cual era ese papel pequeño o grande pero de suma importancia, el cual debía desempeñar y en qué momento llegaría.
Una tarde regresando de una diligencia laboral, iba sentado en un transporte publico junto a algunas otras personas, en otras palabras un día común para esa etapa de mi vida, en ese momento una señora sube al transporte con sus tres hijos, dos niños pequeños y una niña que aparentemente era la mayor,  le ofrecen el asiento reservado y se acomoda junto a sus dos hijos, su hija se queda parada junto a ella, sujetada con sus pequeñas manos al asiento de su madre. Al percatarme de la escena me levanto de mi asiento, levanto a la niña y amablemente la siento en mi lugar sin imaginar que unos segundos después es vehículo que nos transportaba haría una maniobra en la cual muchas personas salen lastimadas, la mayoría de ellas las personas que íbamos paradas.
Desde el momento que bajé del vehículo toda esa experiencia me hizo pensar en que tal vez ese fue “mi momento”, estuve donde tenía que estar, puse a esa niña en un sitio seguro y evite un accidente que pudo ser grave para ella. Pero no solo esa idea rondaba por mi mente, poco a apoco un extraño vacío iba creciendo dentro de mí, ya que si ese fue mi gran momento ¿qué sentido tendría mi vida de ese día en adelante?, pensé en la muerte, pensé que luego de ese momento lo único lógico sería que mi vida acabe, que tal vez es fin estaba cerca para mí.

Luego de un tiempo, y al ver que mi vida no había llegado a su fin, comprendí que, para que suceda ese momento que tuve, esa experiencia y suceda de la forma en que sucedió, no podría ser posible sin una infinidad de decisiones y circunstancias propias y externas que me habían acompañado toda la vida. Partiendo desde la decisión de subir a ese vehículo en particular, la necesidad de ir por esa ruta por cuestiones laborales, la carrera que estudié para obtener ese trabajo, el haber terminado la escuela, la posibilidad de mi familia de darme educación y hasta los modales y cortesías que aprendí de mi familia. Es así que comprendí que no debemos perder nuestro tiempo buscando el gran momento de nuestra vida, sino que toda la vida es sólo un gran momento.

domingo, 3 de mayo de 2015

Historias Permanentes


Siempre tuve miedo a lo permanente, el solo pensar en cargar con algo por el resto de mi vida me aterraba, tatuajes, casarme, tener hijos, tener cualquier cosa de la cual no poder deshacerme fácilmente de ella generaba en mí una gran preocupación, porque si ven el lado positivo de mi temor, que a simple vista no parece tenerlo, ya que en este punto estarás pensando que soy una persona la cual huye del compromiso y las responsabilidades, pero verás que es todo lo contrario.
Mi gran sentido de responsabilidad hace que me preocupe demasiado en el tema, ya que cualquier decisión permanente o de larga duración acarrea muchas responsabilidades y creo que hay que pensarlo muy bien antes de tomar una decisión de tal magnitud. El tema de tener hijos es un claro ejemplo de lo que quiero expresar, tener hijos es la cosa más simple del mundo, sin tener en cuenta las limitaciones de algunas personas, pero para un hombre y una mujer sin ningún problema particular es lo más simple del mundo, pero muchas veces no se piensa en las consecuencias, no solo económicas, sino de la clase de vida que recibirá tu hijo, de la forma en que piensa educarla tu pareja, y que así te separes divorcies o lo que sea, tendrás que ver a esa persona el resto de tu vida; ahí entra mi sentido de responsabilidad, claro si bien al inicio dije del temor que tenía a este tipo de situaciones, es también porque si lo hiciera sé que sería un hombre responsable e intentaría que todo se desarrolle de la mejor manera, y no sería alguien que simplemente tiene un hijo por ahí con alguna loca mujer o al revés.
Voy a cumplir treinta años, y a mi han llegado una serie de revelaciones, las cosas permanentes de las que tanto huyo viven en mi hace mucho, las he visto siempre en los demás y en mí mismo, tienen una forma irrepetible y cuentan una historia diferente cada una, hablan de amor y de odio, de accidentes e intenciones, de decisiones desesperadas, y siempre que nos detengamos a observarlas vendrá a nuestras mentes el sentimiento que invadía nuestra alma al momento de su nacimiento.
Mi primera cicatriz nació cuando aún era muy joven, solo un niño de una etapa hermosa la cual no recuerdo, y digo que es hermosa porque todo lo que me contaron eran momentos felices y los tristes no los recuerdo, mis hermanas saltaban de un lado a otro de una zanja que se abrió para hacer los cimientos de mi casa, yo siendo un niño aún muy pequeño intente imitar el juego de mis hermanas pero mis pequeñas piernas no tuvieron la fuerza para hacerme llegar al otro lado de la zanja así que caí en ella, haciéndome una de las más comunes cicatrices, la de la ceja, ¿quién no tiene un amigo que tenga una cicatriz en la ceja? Hasta yo tengo un par, mi mamá rescatándome del agujero intentó limpiar mi herida, y según mi papá solo la abrió más, creándose mi primera cicatriz, la que le da carácter a mi rostro, esa cicatriz es “la desconocida”, aquella que te la presentan cuando vas creciendo y te preguntas por que los demás no tiene esa línea que divide la ceja.
Mi segunda cicatriz fue en el colegio, siempre fui un niño muy tranquilo, pero molestaba mucho y eso me llevaba a muchas peleas, siquiera ese año, y en una de las cuales peleaba con un compañero que siquiera me llevaba un par de cabezas de alto, yo era muy bajo y él era muy alto para aclarar, la única forma de defenderme era darle de puñetes en las costillas, así que era lo que siempre hacia cuando peleaba con él, estúpidamente un día en una de esas peleas, se me fue un derechazo contra la pizarra del salón, para que lo sepan mi pizarra era la pared de cemento solo que pintada de negro, con esa pintura de pizarra, de las que aún se usan en algunos sitios, ya que son lo más barato creo, bueno ya que yo empinaba un poco el dedo del medio a la hora de golpear para que le duela más, eso hizo que ese dedo se abriera y así nació la segunda cicatriz, ésta la clasificaremos como “cicatrices de odio”, ya que así nació. Esa la conocí bien, me dolió mucho pero al final, como todas cerró y me acompaña desde entonces.
La tercera de mis cicatrices me tomo tiempo clasificarla pero creo que la denominaré “cicatrices sin culpa”, una tarde de verano estaba en la puerta de mi casa con unos amigos y entre ellos una chica de mi cuadra que me gustaba, la verdad para las dos que había tenías que decidirte por una de ellas, en fin, en medio de mi galantería se escapó el perro de mi vecina, un dálmata que parecía gigante y mordía a quien se encontrara y al parecer ese día yo fui el elegido. Un chusco y hermoso perro llamado Fido Firulais Fidel; o algo así fue como lo bautizo mi primo y el cual ahora debe estar enseñado cosas a perros más jóvenes en el cielo perruno; salió en mi defensa, es preciso señalar que Fido era un perro pequeñito y viejísimo, razón por la cual me acerque a defenderlo, y el dueño del dálmata intentaba agarrar a su perro también, pero no lo hizo bien ya que tengo una cicatriz que lo prueba; el perro escapa de las manos de mi vecino y se abalanza contra mí, un púber en esa época como yo que iba a la playa corriendo todos los días y jugaba futbol casi siempre podría correr más rápido que un dálmata, así que empecé a correr como nunca volví a hacerlo jamás, me imagino que tenía algo que ver con que mi vida estaba en riesgo, corrí tan rápido como pude, pero mi calle no tiene salida, esquive de alguna forma al perro y seguí corriendo hacia la salida de mi calle, si bien el perro no me alcanzaba yo cada vez corría más lento, hasta que sentí la mordida en mi espalda, un dolor terrible me inundó, y me soltó solo para intentar volver a morderme, cuando el perro iba a saltar a morderme aparece nuevamente el dueño el cual lo agarra en el aire y me salva. Bueno obviamente odié al perro por mucho tiempo pero luego llegué a perdonarlo, además sé que tuvo una vida muy dura creo q sufrió hasta el último día de su vida, pobre animal. Hasta ahora tengo una marca como mordida de Drácula con los dos colmillos del perro en la espalda, y si bien siempre me recuerda lo que pasó, eso no ha impedido que me acerque a los perros, animales capaces de otorgarte el amor más sincero que podrías encontrar con tan solo darles un buen hogar.
Mi cuarta cicatriz tiene como protagonista principal nada más y nada menos que a mi madre, nuevamente, y la historia es la siguiente, si pueden la creen, pero es la verdad, un día estábamos por alquilar uno de los locales que tenemos en mi casa, pero para eso teníamos que quitar una especie de escalón de cemento que había, así que yo que siempre me gustó destruir cosas me ofrecí de voluntario y agarré un cincel y una comba y empecé la misión, iba a avanzando cuando mi madre se acerca a observar y me dice que no lo estaba haciendo correctamente así que toma el cincel y la comba y me dice mira y yo me agacho para ver, ella levanta la comba para golpear el cincel y me da en la misma ceja donde tengo la primera cicatriz, es una escena salida del chavo, pero así pasó, en ese momento no sentí nada, solo le decía que estaba bien que no tenía nada, y ella decía que me había lastimado y puso su mano en mi ceja para q no saliera la sangre, yo ni enterado que mi ceja estaba abierta, otra vez, y así llamaron un taxi al cual subiendo me desmaye con efecto retardado, yo más creo que fue por todo lo que me decía mi mamá, bueno al final me quedo una cicatriz justo al lado de la otra en la misma ceja, y esa entra la categoría “cicatrices accidentales”.
Mi siguiente cicatriz no es fácil de ver, no se encuentra simple vista y si bien nace de un accidente vehicular no la puedes ver reflejada en mi cuerpo, estas son las “cicatrices del alma”, en mi caso nace de un accidente en el que estuve y falleció mi madre, solo su pérdida podría haber dejado una cicatriz ahí, en el alma, el problema con esta cicatriz es que no es como las otras, las otras que las llevas en el cuerpo, ves como poco a poco la herida se va cerrando, deja su marca y con el tiempo hasta olvidas que está ahí, estas no, de estas nunca te recuperas, cada vez que piensas que la herida ha cerrado, el solo hecho de pensar en eso la vuelve a abrir, no se puede operar, no puedes disimularla con un tatuaje, no te puedes usar ropa para gente no la vea, y cuando la muestras a alguien es como estar desnudo frente a esa persona, porque si conoce esa cicatriz, conoce el fondo de tu corazón.
Hasta el momento, he compartido historias personales, y sentimientos propios, pero la siguiente y última cicatriz no me pertenece, la verdad también es una de las razones por lo cual escribí estas líneas, ya que gracias al ver a una amiga muy querida en este momento me inspiró, y estas son las “cicatrices de amor”, el amor a veces lastima y deja marcas, los actos de amor pueden ser dolorosos, en el caso en concreto vi a una mujer hermosa en la playa, la mujer más hermosa que puedan imaginar, una sonrisa y unos ojos que quieres ver todo el día, un cabello que combina con el mundo y un alma de esa que quieres tener a tu lado, la veo después de tiempo y siento que esconde algo, insisto en entrar al mar hasta que acepta y veo lo que intentaba ocultar, las marcas de su embarazo, luego de tener a su bebé le quedaron marcas en el cuerpo, pero lo que yo vi es amor, no solo es una marca que le recuerda el nacimiento de su bebe, sino recuerda el sacrificio que hizo y sigue haciendo por solo una razón, amor.

Luego de pasar por este recuento de cicatrices y sus historias, si creías estar temeroso del compromiso, de los hijos y las cosas de larga duración recuerda que todos tenemos algunas marcas, físicas o espirituales, que van a estar con nosotros el resto de nuestra vida, todos somos más profundos de lo que pensamos aunque intentemos no serlo, busca tu marca y que te cuente su historia, y veras que tú y ella siguen juntos, han pasado tal vez años y aún duerme contigo, la cuando te alimentas la alimentas, cuando lloras te acompaña, si estas feliz también está, no importa cómo te encuentres siempre está ahí, y si, seguro que la estas empezando a amar, y ahora pregúntate porque puedo sentir amor por una cicatriz y no por una persona o hijos, que también pueden estar el resto de tu vida contigo, y pueden ofrecerte más amor que una simple marca. 

Te Recuerdo Soledad

Hoy recordé la soledad, recordé como era sentirse solo; no la soledad que buscamos muchos, la que te da momentos de paz, la que te relaja y en buenas dosis es necesaria, la soledad que uno busca para luego regresar a conectarse nuevamente con el mundo que lo rodea, de esa soledad no estoy hablando.
Hoy me refiero a la otra soledad, la soledad que llega sin que la busques, esa que aparece sin invitación y parece no irse nunca, de la que no sabes cómo librarte, la que te sigue a todas partes. La soledad triste, la que opaca la luz de todas las habitaciones que ocupas, la que la luz de la felicidad de las demás personas no pueden espantar, esa que alguna vez sentí.
Te recuerdo muy bien triste soledad, te recuerdo siguiéndome, me recuerdo cargándote mientras colgabas de mi cuello, te recuerdo engañándome con falsas felicidades, te recuerdo confinándome a mi cuarto, logrando que me sienta solo estando en medio de grandes multitudes, haciendo que pase por alto las oportunidades de ser feliz y consumiendo mi alegría con fines desconocidos.

Te recuerdo y no te olvido, pero no porque siga cargándote, no porque me sigas confinando a mi cuarto con tus hilos invisibles, no porque sigas opacando mi vida.
Te recuerdo porque al olvidarte podría encontrarte nuevamente, podría un día darme cuenta que cuelgas de mi cuello una vez más, que me alejas de quienes me quieren y hacen tolerable mi vida, y no pienso cargarte una vez más.

sábado, 2 de mayo de 2015

Un Dios Diferente


Yo estoy seguro de su existencia, pero no como creen. Las ideas existen y creo que Dios es una idea y eso afirma su existencia. Como toda idea tiene la capacidad de influir en la personas y en este caso normalmente es una influencia positiva en la humanidad que hace aflorar lo mejor de nosotros. Pero no creo que Dios pueda hacer algo concreto en la vida de alguien como los milagros.
El no te va curar, dar dinero, hacer que cosas buenas te pasen, no va evitar cataclismos ni revivir a tus muertos. El no es culpable de todo lo malo que pasa en este mundo, pero tampoco es responsable directo de tus alegrías y lo bueno de este mundo, así que no te gastes mucho agradeciéndole o culpándolo.
La única ayuda que podrás recibir en tu vida será de algún ser vivo de este planeta y eso es gracias a la bondad que existe en las personas, gracias a algo que nos dice que hagamos el bien, en otras palabras, una influencia positiva a la que le damos por nombre Dios. Y si a alguien quieres agradecer, agradece a las maravillosas personas que puedas encontrar en este mundo y que día a día hacen de este mundo un lugar mejor.