Siempre tuve miedo a lo permanente, el solo
pensar en cargar con algo por el resto de mi vida me aterraba, tatuajes,
casarme, tener hijos, tener cualquier cosa de la cual no poder deshacerme fácilmente
de ella generaba en mí una gran preocupación, porque si ven el lado positivo de
mi temor, que a simple vista no parece tenerlo, ya que en este punto estarás
pensando que soy una persona la cual huye del compromiso y las
responsabilidades, pero verás que es todo lo contrario.
Mi gran sentido de responsabilidad hace que me
preocupe demasiado en el tema, ya que cualquier decisión permanente o de larga
duración acarrea muchas responsabilidades y creo que hay que pensarlo muy bien
antes de tomar una decisión de tal magnitud. El tema de tener hijos es un claro
ejemplo de lo que quiero expresar, tener hijos es la cosa más simple del mundo,
sin tener en cuenta las limitaciones de algunas personas, pero para un hombre y
una mujer sin ningún problema particular es lo más simple del mundo, pero
muchas veces no se piensa en las consecuencias, no solo económicas, sino de la
clase de vida que recibirá tu hijo, de la forma en que piensa educarla tu
pareja, y que así te separes divorcies o lo que sea, tendrás que ver a esa
persona el resto de tu vida; ahí entra mi sentido de responsabilidad, claro si
bien al inicio dije del temor que tenía a este tipo de situaciones, es también
porque si lo hiciera sé que sería un hombre responsable e intentaría que todo
se desarrolle de la mejor manera, y no sería alguien que simplemente tiene un
hijo por ahí con alguna loca mujer o al revés.
Voy a cumplir treinta años, y a mi han llegado
una serie de revelaciones, las cosas permanentes de las que tanto huyo viven en
mi hace mucho, las he visto siempre en los demás y en mí mismo, tienen una
forma irrepetible y cuentan una historia diferente cada una, hablan de amor y
de odio, de accidentes e intenciones, de decisiones desesperadas, y siempre que
nos detengamos a observarlas vendrá a nuestras mentes el sentimiento que
invadía nuestra alma al momento de su nacimiento.
Mi primera cicatriz nació cuando aún era muy
joven, solo un niño de una etapa hermosa la cual no recuerdo, y digo que es
hermosa porque todo lo que me contaron eran momentos felices y los tristes no
los recuerdo, mis hermanas saltaban de un lado a otro de una zanja que se abrió
para hacer los cimientos de mi casa, yo siendo un niño aún muy pequeño intente
imitar el juego de mis hermanas pero mis pequeñas piernas no tuvieron la fuerza
para hacerme llegar al otro lado de la zanja así que caí en ella, haciéndome
una de las más comunes cicatrices, la de la ceja, ¿quién no tiene un amigo que
tenga una cicatriz en la ceja? Hasta yo tengo un par, mi mamá rescatándome del
agujero intentó limpiar mi herida, y según mi papá solo la abrió más, creándose
mi primera cicatriz, la que le da carácter a mi rostro, esa cicatriz es “la
desconocida”, aquella que te la presentan cuando vas creciendo y te preguntas
por que los demás no tiene esa línea que divide la ceja.
Mi segunda cicatriz fue en el colegio, siempre
fui un niño muy tranquilo, pero molestaba mucho y eso me llevaba a muchas
peleas, siquiera ese año, y en una de las cuales peleaba con un compañero que
siquiera me llevaba un par de cabezas de alto, yo era muy bajo y él era muy
alto para aclarar, la única forma de defenderme era darle de puñetes en las
costillas, así que era lo que siempre hacia cuando peleaba con él,
estúpidamente un día en una de esas peleas, se me fue un derechazo contra la
pizarra del salón, para que lo sepan mi pizarra era la pared de cemento solo
que pintada de negro, con esa pintura de pizarra, de las que aún se usan en
algunos sitios, ya que son lo más barato creo, bueno ya que yo empinaba un poco
el dedo del medio a la hora de golpear para que le duela más, eso hizo que ese
dedo se abriera y así nació la segunda cicatriz, ésta la clasificaremos como “cicatrices
de odio”, ya que así nació. Esa la conocí bien, me dolió mucho pero al final,
como todas cerró y me acompaña desde entonces.
La tercera de mis cicatrices me tomo tiempo
clasificarla pero creo que la denominaré “cicatrices sin culpa”, una tarde de
verano estaba en la puerta de mi casa con unos amigos y entre ellos una chica
de mi cuadra que me gustaba, la verdad para las dos que había tenías que
decidirte por una de ellas, en fin, en medio de mi galantería se escapó el
perro de mi vecina, un dálmata que parecía gigante y mordía a quien se
encontrara y al parecer ese día yo fui el elegido. Un chusco y hermoso perro
llamado Fido Firulais Fidel; o algo así fue como lo bautizo mi primo y el cual
ahora debe estar enseñado cosas a perros más jóvenes en el cielo perruno; salió
en mi defensa, es preciso señalar que Fido era un perro pequeñito y viejísimo,
razón por la cual me acerque a defenderlo, y el dueño del dálmata intentaba
agarrar a su perro también, pero no lo hizo bien ya que tengo una cicatriz que
lo prueba; el perro escapa de las manos de mi vecino y se abalanza contra mí,
un púber en esa época como yo que iba a la playa corriendo todos los días y
jugaba futbol casi siempre podría correr más rápido que un dálmata, así que empecé
a correr como nunca volví a hacerlo jamás, me imagino que tenía algo que ver
con que mi vida estaba en riesgo, corrí tan rápido como pude, pero mi calle no
tiene salida, esquive de alguna forma al perro y seguí corriendo hacia la
salida de mi calle, si bien el perro no me alcanzaba yo cada vez corría más
lento, hasta que sentí la mordida en mi espalda, un dolor terrible me inundó, y
me soltó solo para intentar volver a morderme, cuando el perro iba a saltar a
morderme aparece nuevamente el dueño el cual lo agarra en el aire y me salva.
Bueno obviamente odié al perro por mucho tiempo pero luego llegué a perdonarlo,
además sé que tuvo una vida muy dura creo q sufrió hasta el último día de su
vida, pobre animal. Hasta ahora tengo una marca como mordida de Drácula con los
dos colmillos del perro en la espalda, y si bien siempre me recuerda lo que
pasó, eso no ha impedido que me acerque a los perros, animales capaces de
otorgarte el amor más sincero que podrías encontrar con tan solo darles un buen
hogar.
Mi cuarta cicatriz tiene como protagonista
principal nada más y nada menos que a mi madre, nuevamente, y la historia es la
siguiente, si pueden la creen, pero es la verdad, un día estábamos por alquilar
uno de los locales que tenemos en mi casa, pero para eso teníamos que quitar
una especie de escalón de cemento que había, así que yo que siempre me gustó
destruir cosas me ofrecí de voluntario y agarré un cincel y una comba y empecé
la misión, iba a avanzando cuando mi madre se acerca a observar y me dice que
no lo estaba haciendo correctamente así que toma el cincel y la comba y me dice
mira y yo me agacho para ver, ella levanta la comba para golpear el cincel y me
da en la misma ceja donde tengo la primera cicatriz, es una escena salida del
chavo, pero así pasó, en ese momento no sentí nada, solo le decía que estaba
bien que no tenía nada, y ella decía que me había lastimado y puso su mano en
mi ceja para q no saliera la sangre, yo ni enterado que mi ceja estaba abierta,
otra vez, y así llamaron un taxi al cual subiendo me desmaye con efecto
retardado, yo más creo que fue por todo lo que me decía mi mamá, bueno al final
me quedo una cicatriz justo al lado de la otra en la misma ceja, y esa entra la
categoría “cicatrices accidentales”.
Mi siguiente cicatriz no es fácil de ver, no se
encuentra simple vista y si bien nace de un accidente vehicular no la puedes
ver reflejada en mi cuerpo, estas son las “cicatrices del alma”, en mi caso
nace de un accidente en el que estuve y falleció mi madre, solo su pérdida
podría haber dejado una cicatriz ahí, en el alma, el problema con esta cicatriz
es que no es como las otras, las otras que las llevas en el cuerpo, ves como
poco a poco la herida se va cerrando, deja su marca y con el tiempo hasta olvidas
que está ahí, estas no, de estas nunca te recuperas, cada vez que piensas que
la herida ha cerrado, el solo hecho de pensar en eso la vuelve a abrir, no se
puede operar, no puedes disimularla con un tatuaje, no te puedes usar ropa para
gente no la vea, y cuando la muestras a alguien es como estar desnudo frente a
esa persona, porque si conoce esa cicatriz, conoce el fondo de tu corazón.
Hasta el momento, he compartido historias
personales, y sentimientos propios, pero la siguiente y última cicatriz no me pertenece,
la verdad también es una de las razones por lo cual escribí estas líneas, ya
que gracias al ver a una amiga muy querida en este momento me inspiró, y estas
son las “cicatrices de amor”, el amor a veces lastima y deja marcas, los actos
de amor pueden ser dolorosos, en el caso en concreto vi a una mujer hermosa en
la playa, la mujer más hermosa que puedan imaginar, una sonrisa y unos ojos que
quieres ver todo el día, un cabello que combina con el mundo y un alma de esa
que quieres tener a tu lado, la veo después de tiempo y siento que esconde
algo, insisto en entrar al mar hasta que acepta y veo lo que intentaba ocultar,
las marcas de su embarazo, luego de tener a su bebé le quedaron marcas en el
cuerpo, pero lo que yo vi es amor, no solo es una marca que le recuerda el
nacimiento de su bebe, sino recuerda el sacrificio que hizo y sigue haciendo
por solo una razón, amor.
Luego de pasar por este recuento de cicatrices
y sus historias, si creías estar temeroso del compromiso, de los hijos y las
cosas de larga duración recuerda que todos tenemos algunas marcas, físicas o espirituales,
que van a estar con nosotros el resto de nuestra vida, todos somos más
profundos de lo que pensamos aunque intentemos no serlo, busca tu marca y que
te cuente su historia, y veras que tú y ella siguen juntos, han pasado tal vez
años y aún duerme contigo, la cuando te alimentas la alimentas, cuando lloras
te acompaña, si estas feliz también está, no importa cómo te encuentres siempre
está ahí, y si, seguro que la estas empezando a amar, y ahora pregúntate porque
puedo sentir amor por una cicatriz y no por una persona o hijos, que también
pueden estar el resto de tu vida contigo, y pueden ofrecerte más amor que una
simple marca.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario